En lí­neas generales, tenemos más tiempo libre del que creemos que tenemos. Pero lo usamos en algo en el mismo momento en que se nos vuelve disponible, efectivamente dejándonos sin tiempo otra vez. Entre la plétora de actividades que esperan su oportunidad para aprovechar una franja de nuestro tiempo está el mirar TV, el aparato que nos distrae por excelencia. ¿No hay nada que hacer? Veamos un poco de TV; pasemos un tiempo con la caja boba.
Pero no confundamos a la caja boba con una caja inofensiva porque, ciertamente, no lo es.
Sin entrar en debate sobre si tal o cual programa es “bueno” o “malo”, el punto a enfocar es el tiempo que nos insume ver TV. La modalidad actual de la programación de TV nos invade de contenidos inertes incluso dentro de programas razonablemente interesantes. Esto, conjugado con adecuarse a los horarios estrictos en los que se emiten los programas, termina por hacer del ver TV una actividad muy demandante en horas. Y sin considerar que seamos uno de los millones de personas cuya recreación principal es la TV, lo que implicarí­a una cantidad de horas extra frente al aparato.¿Por qué serí­a perjudicial gastar algunas horas viendo TV? Entre los muchos motivos, el que resalta es el antes mencionado: perdemos tiempo. Excepto que ya hayas llegado tan lejos como querí­as en tus aspectos personales y laborales, no hay tiempo libre para desperdiciar mirando TV. Un par de horas al dí­a dedicadas a la TV durante un año equivalen a aprender muy a fondo un idioma, o a ampliar notablemente tus capacidades en cierta disciplina, o a la lectura de decenas de libros, o a mejorar tu estado fí­sico tremendamente, o a llevar mucho más lejos tu relación de pareja, o a ponerte al dí­a con gran cantidad de trabajo atrasado, o a infinidad de cosas incomparablemente más importantes que casi cualquier cosa emitida por TV
El problema es que ver TV es fácil, sólo hay que sentarse delante y dejar pasar los minutos. Eso la hace muy difí­cil de abandonar. Para muchos es una adicción equiparable al cigarrillo o al alcohol. Brinda un tiempo de desconexión con la realidad ordinaria que nos rodea. Es una recreación que no precisa esfuerzos de parte nuestra. Encender, mirar, apagar; una secuencia casi automática que nos “alivia” durante un rato. Pero aquí­ viene la mayor ironí­a: esas horas gastadas frente a la TV podrí­an ser invertidas en lograr que no sea tan necesario buscar una distracción de nuestros asuntos cotidianos. Visto de otra manera, muchos de nuestros problemas surgen o quedan sin resolver por no tener tiempo suficiente para dedicarnos a ellos. Y buena parte de ese tiempo que nos falta se lo lleva la TV.

Tagged with:
 

Comments are closed.