Me preguntaron decenas de veces en los últimos meses por qué no escribo más seguido, o mejor aún, por qué no escribo nada. La respuesta es que estoy muy distraído. Tengo demasiadas computadoras y dispositivos conectados a una Internet cada vez más interesante, además de que trabajo mucho. Y cuando no estoy online o trabajando, intento leer algunos de los muchísimos libros que tengo esperándome. A la vez, me doy cuenta que las distracciones conllevan un costo muy alto a mediano plazo. Es fácil mantenerse en un estilo de vida en el que se nos olvida que no somos inmortales, donde lo cotidiano y rutinario se apodera de la totalidad de nuestro tiempo. Aún estando distraído puedo ver que hay días que se me pierden casi sin que recuerde qué pasó, dónde estuve, qué viví…

 

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