Jueves, 20 de Agosto de 2009
Ramiro
El otro dÃa, yo estaba hablando con una persona que me contaba con lujo de detalles su exitosa participación en lo que él llamaba “acciones de marketing”. Siendo el marketing un tema que me interesa mucho por formar parte de mi trabajo, escuché atentamente las anécdotas que esta persona me contó. Grosso modo, el resultado de esa conversación confirma un poco mi sensación de que el marketing actual está más cerca de ser una profesionalización de la mentira que una actividad cuyo objeto sea promover la venta y reconocimiento de productos y servicios. Resultó ser que casi todo lo que formaba parte de esas acciones de marketing consistÃa en exagerar desvergonzadamente las cualidades de un producto, a la vez que se mentÃa sin rubor sobre la calidad y cantidad del personal que desarrolló el producto y le brinda soporte. Comprendo que el embellecimiento con fines publicitarios es razonable y casi necesario, pero de ahà a la multitud de técnicas de cuasi-falsificación que suele utilizarse hay un mundo de distancia. Hoy, el mensaje publicitario promedio dice algo asà como: “somos los mejores, tenemos el mejor precio, poseemos el mejor diseño, somos los más reconocidos, usamos la más alta tecnologÃa, bla, bla, bla”.
¿En qué momento se cruza la lÃnea que separa lo exageradamente embellecido de la mentira?
Si yo miento un poco para vender más, mi competidor mentirá más que antes para recuperar los clientes que le quité. Y un tercero mentirá aun más para poder ingresar al mercado y sacarnos clientes, y entonces deberemos agrandar y sofisticar nuestras mentiras una vez más…
Sábado, 28 de Marzo de 2009
Ramiro
Hace algún tiempo que pienso en el significado real detrás de la productividad, entendida ésta como la capacidad de producir valor por sobre los costos a una cierta velocidad. Ser productivos parece la única manera de sobrevivir en este lado del mundo y, dentro de poco, también lo será en oriente. Sin embargo, no está nada clara la conexión entre ser productivos y vivir bien, objetivo que, creo, es de público deseo. Asà es que estamos intentando ser cada vez más productivos, pero no nos acercamos a un ideal de vida razonablemente acorde con el esfuerzo que invertimos. Esto me acerca un nuevo pensamiento: ser productivo según el entendimiento actual popularizado es brindar más a determinados terceros, sin que esto implique necesariamente recibir más a cambio. Con esto podrÃamos desdoblar la productividad en dos: aquello que hacemos para beneficio de otros y aquello para beneficio nuestro. Tiene que haber un balance entre esas partes de la productividad, ya que si están muy asimétricas es difÃcil lograr beneficios de largo plazo. Ni vamos a mejorar nuestra vida si nos dedicamos sólo a hacer rico a otro, ni vamos a tener muchas posibilidades laborales si únicamente generamos beneficios propios.
Propongo un entendimiento de la productividad que incluya lo que ambas partes necesitan lograr del acuerdo. Que la productividad sea una sinergia entre nosotros y quien quiere nuestros servicios. Que no se confunda la productividad con la producción en beneficio del otro. Que no se malentienda qué significa ser productivos.
Sábado, 21 de Febrero de 2009
Ramiro
Qué mejor para definir lo que pienso respecto de la calidad con la que mucha gente trabaja en este mundo que parafraseando una tÃpica expresión militar: “¡estamos rodeados!”. No hay sociólogo ni psicólogo social que me convenza de lo contrario; la calidad de lo que se hace baja diariamente sin ninguna señal de mejora. Miro a mi izquierda y veo gente exagerando, mintiendo, disimulando, engañando, distorsionando, y muchos verbos por estilo. Miro a mi derecha y veo exactamente lo mismo. Un amigo me lo resumió muy bien: “puro bla bla bla”. Sanata; camelo; verso; cuento; chamuyo; etc. Por donde mires hay alguien vendiéndote un buzón, o alquilándote un asiento de la plaza. No puedo dejar de imaginar una escena surreal donde miles de personas intercambian sus buzones recién comprados. Algo asà está pasando todos los dÃas en cualquier lado donde prestemos suficiente atención.
Pienso que va a ser muy difÃcil que salgamos de esta encrucijada autoreforzante mientras que tantos millones de personas sigan vendiendo humo. Los efectos de la universalización del blablá son mucho más importantes de lo que pueda parecer. Mucho de nuestro tiempo y dinero se pierde entre las rendijas de la mentira laboral; del engaño oficializado; de la sanata corporativa. Cada cosa que compro incluye un poco más de esto en mi vida, y lo mismo le pasa a todos ustedes. E incluso terminamos tentados o cediendo a la cultura del blablá, porque la gente va acostumbrándose a comprar buzones y, una vez bien pavlovizados, exigen nuevos buzones, de diferentes colores y caracterÃsticas.
Yo elegà no blablablear. Ustedes, ¿blablablean?