Archivo

Archivo para la categoría ‘Motivación’

Tener Claro el Objetivo

Martes, 16 de Septiembre de 2008 Ramiro Comments off

Todo lo que hacemos lo hacemos por algún motivo. Un psiconalista incluso agregaría que hasta lo que no sabemos que hacemos también sucede por un motivo. Este motivo que, aparentemente, hace a nuestras acciones es, muchas veces, difícil o imposible de determinar con exactitud. Pensamos que hacemos tal o cual cosa por tal o cual motivo pero, si indagamos lo suficiente en un estado de apertura mental crítica, encontraremos que la verdadera causa es otra. Y, generalmente, las causas son mucho más básicas de lo parecen.

Por ejemplo, ¿qué nos motivará a intentar ganar dinero? Puede haber miles de respuestas simples y poco profundas a esa pregunta, pero yo creo que hay una sola motivación detrás de esa búsqueda: el miedo. Miedo a quedarnos sin una casa donde vivir, o a no tener para comer, o a perder lo que hemos obtenido con el tiempo, o a quedarnos solos, o a muchas otras cosas, pero miedo al fin. Y estoy seguro de que no pensamos en un nuevo empleo o negocio con la total certeza de que nos moviliza el miedo; es más probable que pensemos en los beneficios o mejoras que tal cambio, supuestamente, nos brindaría.

Con esto quiero decir que si no tenemos suficientemente claro el objetivo que queremos conseguir, va a volverse más difícil obtenerlo. No sólo porque detrás de cualquier objetivo hay una serie de pasos que deben darse en determinado órden y eso ya implica saber bien de qué se trata, sino porque la energía que nos mueve sale de llegar a ver eso hacia lo cual nos dirigimos.
Hay cosas que tardan mucho tiempo en concretarse y, si no mantenemos un estado de motivación suficientemente alto, nos detendremos antes de llegar.

Por otro lado, casi todo está conectado entre sí, incluso cosas asombrosamente diferentes. Si podemos detectar esas conexiones, tendremos la posibilidad de refinar nuestras acciones de tal forma que cada paso que demos sea más efectivo. Para poder hacer esto tenemos que pensar con claridad sobre nuestros objetivos directos e indirectos, y hacerlo durante tanto tiempo como sea necesario.

Y lo más importante de todo: no nos engañemos a nosotros mísmos respecto de hacia dónde vamos o por qué hacemos algo. Demos cada paso sabiendo lo más posible de antemano.

Esperar la Perfección es Dilatar la Acción

Lunes, 18 de Agosto de 2008 Ramiro Comments off

Conozco a mucha gente que, hasta que no tiene todo en la forma, color y orden que quería, no sigue adelante con lo que sea que tenía entre manos. Además de ser una forma muy eficiente de procastinar, es una manera de cancelar el sentimiento de culpa de no estar haciendo eso que deberíamos estar terminando. Después de todo, si no está realmente bien, es mejor esperar a que se den los factores necesarios para que quede perfecto. ¿O no?

Hay algo que cuesta entender, pero que es fundamental lograr hacerlo: el mundo se mueve por los hechos, no por las intenciones. Vale más algo de poca calidad que exista que algo de mucha calidad que sea sólo una idea; al menos en la abrumadora mayoría de los casos.

Yo, siendo el perfeccionista que soy, tuve un mal rato asimilando que el mundo gira sin que sea absolutamente seguro que gira para el lado más óptimo. De hecho, me cuesta tanto crear sin buscar la perfección que, muchas veces, tan solo no creo nada (valga el doble sentido de la frase). Luego, comprendo que pasó el tiempo y sigo con las ideas fermentándose en mi cabeza, en lugar de estar siendo transformadas en algo (que, aunque no esté ni terminado ni óptimo ni perfecto, exista y sea posible usarlo).

Este blog es un ejemplo concreto de este post; de no esperar a tener el tema ideal, escrito como realmente me gustaría, habría el triple de contenido en la mitad del tiempo.

Por lo tanto, el mensaje es claro: hagámoslo y mejorémoslo sobre la marcha; al fin y al cabo, es la manera en la que casi todo se ha hecho en la historia de la humanidad.

5 Motivos para Cambiar de Empleo

Jueves, 17 de Julio de 2008 Ramiro Comments off

Suele pasar quedarse estancado en un mismo empleo durante años, sin nada realmente importante que justifique hacerlo (el sueldo no es suficiente). Ya sea por temor, pereza o comodidad, anclarse a un puesto de trabajo es tan común como el desempleo mismo. Y buena parte del desencanto profesional que sufre mucha gente se debe a prolongar demasiado una relación laboral desbalanceada. Estos son algunos pocos motivos por los que considero que habría que abandonar un empleo:

1) No estar a gusto con las tareas asignadas.

Este es un factor seriamente desmotivante. Hacer una tarea que nos disgusta durante mucho tiempo agrega incontables horas de frustración a nuestras vidas. Si estamos en una situación así, hay que replantearse cómo continuar. No tiene sentido adentrarse en un callejón sin salida sabiendo que esto está sucediendo.

2) No estar conforme con el pago recibido.

El motivo fundamental detrás de un empleo es la obtención de dinero para sustentar nuestra existencia y cimentar nuestros proyectos. Si el monto que percibimos no es suficiente para cumplir buena parte de nuestros objetivos a corto y mediano plazo, es probable que debamos seguir adelante desde otro lugar laboral mejor remunerado.

3) Mala relación con el jefe.

Siempre que hay un empleo, hay un jefe. La relación que tengamos con esa figura de poder (y según los psicoanalistas, representación de nuestro padre) hará más o menos soportable el tiempo que estemos en nuestro lugar de trabajo. Si el jefe no nos gusta, o no le gustamos a él, sobrevendrán los conflictos. Cuando la relación devenga en maltratos o choques constantes, el seguir en ese empleo será cada vez más difícil e insalubre.

4) Falta de crecimiento profesional.

Supongamos por un momento que aprendemos cosas importantes y valiosas en el empleo en el que estamos. Si así fuera, podríamos decir que nuestra profesión se está enriqueciendo, incluso cuando lo que aprendamos no esté directamente relacionado con nuestra especialización laboral concreta. Si este crecimiento no es suficientemente grande o constante, significa que no estamos mejorando profesionalmente (que en este mundo actual implica empeorar, ya que hay hordas de profesionales más jóvenes que nosotros perfeccionándose para pelear por uno de los pocos puestos de trabajo que hay disponibles para ellos). Salvo que cobremos un sueldo muy importante, un empleo que no nos permita perfeccionarnos laboralmente hará las veces de una hipoteca laboral, dejándonos casi inservibles cuando debamos enfrentar la calle nuevamente.

5) Estar en una industria equivocada.

Como seres inteligentes que somos, podemos adaptarnos a muchas cosas, especialmente laborales. Pero esto no quiere decir que sea bueno para nosotros trabajar de algo que no nos gusta -o quizá odiemos- a cambio de un sueldo. Lo más razonable que uno puede hacer si no le queda opción que ser empleado (cosa que mil veces diré que hay que evitar a cómo dé lugar) es conseguirse un empleo de algo que nos guste lo más posible. Si pudieramos amar el trabajo que hacemos, casi no sería un empleo, sería un hobby rentado. Habré de no delirar asumiendo que hay muchos empleos disponibles dónde uno puede sentirse tan a gusto que trabajar sea un placer, pero deberíamos hacer lo posible por no emplearnos en una “picadora de carne”.

Y, como extra, un motivo más para cambiar de empleo es probar suerte. Nunca sabremos dónde o cuándo nos cruzaremos con una persona o situación que nos cambiará la vida para mejor.