Martes, 1 de Diciembre de 2009
Ramiro
Me preguntaron decenas de veces en los últimos meses por qué no escribo más seguido, o mejor aún, por qué no escribo nada. La respuesta es que estoy muy distraÃdo. Tengo demasiadas computadoras y dispositivos conectados a una Internet cada vez más interesante, además de que trabajo mucho. Y cuando no estoy online o trabajando, intento leer algunos de los muchÃsimos libros que tengo esperándome. A la vez, me doy cuenta que las distracciones conllevan un costo muy alto a mediano plazo. Es fácil mantenerse en un estilo de vida en el que se nos olvida que no somos inmortales, donde lo cotidiano y rutinario se apodera de la totalidad de nuestro tiempo. Aún estando distraÃdo puedo ver que hay dÃas que se me pierden casi sin que recuerde qué pasó, dónde estuve, qué vivÃ…
Miércoles, 28 de Octubre de 2009
Ramiro
Parece haber una fantasÃa colectiva respecto de trabajar y su inevitabilidad. Buena parte de la población del planeta trabaja diariamente durante decenas de años sin demasiada reflexión; es lo que hay que hacer y lo hacen. Por otro lado, aquellos que no quieren trabajar son inmediatamente señalados como holgazanes o con alguno de sus infinitos seudónimos. Sin embargo, el acto de trabajar es totalmente discutible, y su aparente beneficio es de dudosa comprobación. Para un sector enorme de los eufemÃsticamente llamados “trabajadores”, el empleo es una obligación casi sin salida para un problema que se les asignó sin que pudieran elegir; como consecuencia de ello, están forzados a trabajar durante toda su vida “útil”, con el casi único propósito de hacer su contribución obligatoria a una sociedad que consume más de lo que produce.
La clave para meterse dentro del artificialmente complicado mundo del trabajo es separar el acto de trabajar de la generación de recursos, ya que no son la misma cosa. Que hay que generar recursos para sustentarse no ofrece demasiadas dudas, incluso en casos extremos de aislación y austeridad. Pero, trabajar muchas horas al dÃa para pagar un pequeño espacio donde vivir y una cierta cantidad de consumos que son -mayormente- innecesarios es un intercambio ineficiente que no resiste el menor análisis de costo-beneficio. Un empleado promedio debe trabajar unos 220 dÃas para poder tener acceso a 15 dÃas de vaciones para descansar.
Claramente, algo está mal con este escenario…
Hay que resolver nuestras necesidades consiguiendo recursos de formas que no impliquen dejar una gran parte de la vida a cambio. Piénsenlo, analÃcenlo, debátanlo, convérsenlo, pero no acepten el camino prefabricado del vivir para trabajar.
Sábado, 26 de Septiembre de 2009
Ramiro
Siempre estuve interesado en definir qué significa ser exitoso -y cómo se consigue serlo- por la curiosidad que tengo respecto de la complejidad de la sociedad. En esta sociedad occidental es bastante fácil definir el éxito y aun más fácil detectar a las personas que lo alcanzan, porque suelen dejar ese factor a la vista de todos (ya sea exhibiéndolo o no ocultándolo)
Esta búsqueda de las causas del éxito me lleva constantemente a encontrarme con personas que afirman que todos podemos llegar a ser exitosos si hacemos las cosas bien; que todos tenemos el gérmen del éxito y que depende de nosotros hacerlo salir, mediante una serie de conductas congruentes con el sistema y el mercado. Sin embargo, no me parece que exista algo ni parecido a una “democratización” del acceso al éxito. Si uno analiza un poco a las personas exitosas que sobresalen en cada industria, para la mayorÃa de los casos será posible encontrar una o varias caracterÃsticas que las personas comunes suelen no tener, como:
1) Familias bien posicionadas económicamente, socialmente, o ambas.
2) Niveles superiores de estudios en colegios y universidades de difÃcil -o casi imposible- acceso (ya sea por los requisitos o por el costo)
3) Acceso a importantes financiamientos externos con los cuales iniciar emprendimientos.
4) Red de contactos de calidad.
5) Mentores o “padrinos” especiales.
6) Etc.
Sin dudas que hay personas que tienen éxito sin ninguna prerrogativa de estas, pero realmente son pocas. Si tenemos en cuenta algunas de estas cosas, ya no será tan misterioso ni complejo comprender cómo se llega a ser exitoso. Esto no le quita valor a los logros de nadie ni justifica los fracasos de nadie, pero evidencia que el mundo, a la vez que es complejo, tiene ciertas reglas bastante concretas.
¿Cuántas personas conocen que, habiendo estudiado en Harvard, Stanford, Oxford o el MIT, sean fracasados con dificultades económicas?
Uno juega tan bien como pueda con las cartas que le han tocado, pero si algunas de esas cartas son especialmente buenas, las posibilidades son otras…