Sábado, 17 de Mayo de 2008
Ramiro
Ganar algo de dinero es absurdamente fácil, casi automático. Ganar bastante dinero no lo es tanto; hay mucha competencia en este nivel. Ganar enormes cantidades de dinero es extremadamente difÃÂcil. Estés donde estés, y hagas lo que hagas, siempre tendrás que elegir qué tanto dinero querrás perseguir. La elección que hagas respecto de tu búsqueda de riqueza económica define muchos parámetros de tu vida, puesto que ganar dinero está ÃÂntimamente relacionado con tus relaciones, comportamientos, creencias, aprendizajes y estrategias. El camino que tomes requiere de una orientación clara para tener el efecto que busques. Asàcomo no se llega al norte yendo al sudoeste, no podrás alcanzar tu objetivo si equivocas el camino.
Más de uno se preguntará cuál es el camino para ganar mucho dinero. Bien, cada uno de nosotros tiene un camino muy distinto para lograr ese mismo propósito. Esta diferencia hace complicado que acumulemos riquezas. Si no fuera asÃÂ, tan sólo habrÃÂa que seguir una serie de instrucciones y solucionarÃÂamos el problema más común de la sociedad occidental.
Como sea, hay un dato interesante: lo necesario para obtener la abundancia está dentro nuestro. De acuerdo a cómo nos comportemos y qué decisiones tomemos será lo que obtengamos. Realmente, somos nosotros quienes elegimos cuánto dinero ganar. Nuestro nivel de ingresos no depende de otras personas ni nunca dependerá.
Lo primero que tenemos que entender es que la sociedad necesita millones de personas que piensen que su futuro no está en sus manos. Es casi la única manera de lograr que grandes masas de gente trabajen en empleos miserables. Muchos pasamos por empleos miserables, resignados a que valemos lo que nuestro jefe diga. Les propongo cambiar esa concepción por otra: lo que ganes es asunto tuyo. Puedes ganar lo que merezcas según dónde pongas tu atención. ¿Cómo funciona este mecanismo? El dinero es una promesa. Es una promesa que hace el mundo en su conjunto a cualquiera que lo posea. En escala reducida, es una promesa que una persona le hace a otra, no importa quién a quién. Esa promesa sólo se cumple bajo ciertas condiciones. Las condiciones las pone quien tiene el dinero, y debe cumplirlas quien lo recibirá. Esto es, cumple las condiciones del que paga, y cobrarás. Dicho metafóricamente: “el dinero crece en la copa de los árboles, para tomarlo debes aprender cómo subir”.
El mundo occidental tiene un excedente de dinero como nunca antes se vio. Dejemos para otro momento por qué tiene tal excedente, pero lo tiene. Sin embargo, la distribución no es equitativa ni justa. No lo fue nunca jamás en la historia de la humanidad, tampoco lo es hoy. Esto implica que uno debe saber dónde y cómo ubicarse para recibir una parte significativa de ese dinero. Caso contrario, recibiremos poco o nada. Por eso es que depende estrictamente de nosotros cuánto dinero ganemos. Si queremos mucho dinero, tenemos que actuar en consecuencia. Si queremos poco, también. No hay recetas para ganar dinero, pero si hay lógica detrás de cómo se hace.
La idea de este artÃÂculo es nada más comenzar a hablar de esto. Recordemos: ganamos lo que elegimos ganar. Si no ganamos lo que queremos, nuestros deseos y nuestras acciones están en conflicto; no van en la misma dirección y tenemos que corregir el rumbo.
Volviendo a mencionarlo, el universo no es justo ni injusto. No merecemos ni más ni menos de lo que estamos obteniendo, porque lo que obtenemos fue una elección propia; quizá no conciente y planeada, pero propia.
Sábado, 19 de Enero de 2008
Ramiro
Quién no se hizo esta pregunta alguna vez? Quizá quienes no trabajan o no lo hacen a cambio de su sustento. Para todos los demás la realidad es otra, y, muchas veces, poco feliz. Desde un punto de vista estadÃÂstico, la mayorÃÂa de nosotros nos pasamos la vida trabajando para pagar los consumos que nos acompañan durante los años. Seguramente no tengamos que discutir demasiado respecto a que la gran mayorÃÂa de las cosas que compramos con ese dinero que tanto cuesta ganar no son realmente necesidades sino deseos.
Una vez que nos encontramos dentro del cÃÂrculo de “vivir me cuesta casi todo lo que gano”, es fácil acostumbrarse a que la vida es poco más que trabajar, consumir y descansar. Si pensamos en para qué estamos sobre la faz de este planeta, difÃÂcilmente aceptemos que nuestra misión es trabajar para mantener la economÃÂa funcionando. Por el contrario, seguramente pensaremos que la imposición de trabajar tan extensamente nos impide disfrutar de la existencia. Aun asÃÂ, seguimos insistiendo en trabajar, trabajar y trabajar.
Para un empleado tÃÂpico, el dÃÂa consiste en más o menos 12 horas dedicadas directa e indirectamente a asuntos laborales, 6/8 horas aplicadas a descansar, y el resto a dividir entre las miles de tareas y distracciones existentes en la vida moderna. Aún si tomáramos el dormir como algo por lo cual vale la pena vivir, este trabajador, que representa silenciosamente a la absoluta mayorÃÂa de la población mundial, estarÃÂa dedicando bien por debajo de la mitad de sus años a cosas que mÃÂnimamente tienen sentido. ¿No ven algo completamente descolocado con esto que describo? ¿Estamos tan acostumbrados a ser parte del rebaño que no nos preocupa dedicar nuestra vida a cosas de escaso valor? Algunos se preguntarán qué opción hay, ya que la mayorÃÂa de nosotros no tomamos un empleo por gusto sino por necesidad. Una opción es darse cuenta que por más obligados que nos sintamos a vivir como vivimos, no es verdad que es la única manera. Nos resulta muy fácil convencernos de que el camino que transitamos es el menos peor, y que hacer otra cosa nos pondrÃÂa en aún más dificultades. Eso no es cierto. Todos tenemos muchas más alternativas que las que ponemos sobre la mesa. El problema es que descartamos casi todas las opciones que supongan sacrificar los “beneficios” a los que nos hemos acostumbrado. Esto nos deja, realmente, con pocas vÃÂas de escape. Ahàes cuando tenemos que poner en la balanza el costo de esos “beneficios” y ser capaces de racionalizar si vale la pena cambiar buena parte de los mejores momentos de la vida por cosas tales como vivir en una casa que casi no podemos mantener, o por comprar posesiones que no necesitamos o vestir ropas que sólo nos gustan porque otros nos convencieron. Nada pone más en evidencia que hemos perdido el control de nuestras vidas que usar todos nuestros ingresos para pagar cuotas o tarjetas de crédito o préstamos utilizados para comprar “cosas”.
Muchos conocerán la sensación de alivio que se experimenta al salir de compras. De varios modos funciona como una aspirina para el dolor de no vivir bien. Algo asàcomo: “ya que no soy muy feliz, al menos me compro cosas que me gusten”. ¿Y el costo de esa aspirina? ¿Pagar la cuota del auto justifica trabajar hasta tarde y volver a casa y tener que ver a tus hijos dormidos.
¡Concienticémos un poco! La vida se nos pasa y estamos más horas con nuestros compañeros de trabajo que con nuestros seres queridos. Actuamos como si fuéramos a vivir cien años, quemando etapas dedicados a “construir” un futuro cómodo y relajado. Bien podrÃÂa suceder que no tengamos tal futuro, y lo que vivimos hoy es lo único que nos queda.
Debemos darnos cuenta que la vida se trata de otra cosa, y actuar para cambiarnos de lugar. No importa cuál sea tu situación, te garantizo que hay un lugar mejor al alcance de tu mano. Pero no te abraces a tus posesiones materiales como si fueran tu razón de ser. Invierte ese dinero que gastas actualmente en espejitos de colores modernos en herramientas para salir de donde estás. Aprende, experimenta, investiga, conoce otras personas, logra ser más abierto a otras posibilidades.
¡No vendas tu vida por una cuota mensual que no cambiará nada!