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¿Trabajar es el Único Camino?

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Ramiro 3 comentarios

Parece haber una fantasía colectiva respecto de trabajar y su inevitabilidad. Buena parte de la población del planeta trabaja diariamente durante decenas de años sin demasiada reflexión; es lo que hay que hacer y lo hacen. Por otro lado, aquellos que no quieren trabajar son inmediatamente señalados como holgazanes o con alguno de sus infinitos seudónimos. Sin embargo, el acto de trabajar es totalmente discutible, y su aparente beneficio es de dudosa comprobación. Para un sector enorme de los eufemísticamente llamados “trabajadores”, el empleo es una obligación casi sin salida para un problema que se les asignó sin que pudieran elegir; como consecuencia de ello, están forzados a trabajar durante toda su vida “útil”, con el casi único propósito de hacer su contribución obligatoria a una sociedad que consume más de lo que produce.
La clave para meterse dentro del artificialmente complicado mundo del trabajo es separar el acto de trabajar de la generación de recursos, ya que no son la misma cosa. Que hay que generar recursos para sustentarse no ofrece demasiadas dudas, incluso en casos extremos de aislación y austeridad. Pero, trabajar muchas horas al día para pagar un pequeño espacio donde vivir y una cierta cantidad de consumos que son -mayormente- innecesarios es un intercambio ineficiente que no resiste el menor análisis de costo-beneficio. Un empleado promedio debe trabajar unos 220 días para poder tener acceso a 15 días de vaciones para descansar.
Claramente, algo está mal con este escenario…

Hay que resolver nuestras necesidades consiguiendo recursos de formas que no impliquen dejar una gran parte de la vida a cambio. Piénsenlo, analícenlo, debátanlo, convérsenlo, pero no acepten el camino prefabricado del vivir para trabajar.

¿Todos Tienen Iguales Posibilidades?

Sábado, 26 de Septiembre de 2009 Ramiro 4 comentarios

Siempre estuve interesado en definir qué significa ser exitoso -y cómo se consigue serlo- por la curiosidad que tengo respecto de la complejidad de la sociedad. En esta sociedad occidental es bastante fácil definir el éxito y aun más fácil detectar a las personas que lo alcanzan, porque suelen dejar ese factor a la vista de todos (ya sea exhibiéndolo o no ocultándolo)
Esta búsqueda de las causas del éxito me lleva constantemente a encontrarme con personas que afirman que todos podemos llegar a ser exitosos si hacemos las cosas bien; que todos tenemos el gérmen del éxito y que depende de nosotros hacerlo salir, mediante una serie de conductas congruentes con el sistema y el mercado. Sin embargo, no me parece que exista algo ni parecido a una “democratización” del acceso al éxito. Si uno analiza un poco a las personas exitosas que sobresalen en cada industria, para la mayoría de los casos será posible encontrar una o varias características que las personas comunes suelen no tener, como:

1) Familias bien posicionadas económicamente, socialmente, o ambas.
2) Niveles superiores de estudios en colegios y universidades de difícil -o casi imposible- acceso (ya sea por los requisitos o por el costo)
3) Acceso a importantes financiamientos externos con los cuales iniciar emprendimientos.
4) Red de contactos de calidad.
5) Mentores o “padrinos” especiales.
6) Etc.

Sin dudas que hay personas que tienen éxito sin ninguna prerrogativa de estas, pero realmente son pocas. Si tenemos en cuenta algunas de estas cosas, ya no será tan misterioso ni complejo comprender cómo se llega a ser exitoso. Esto no le quita valor a los logros de nadie ni justifica los fracasos de nadie, pero evidencia que el mundo, a la vez que es complejo, tiene ciertas reglas bastante concretas.
¿Cuántas personas conocen que, habiendo estudiado en Harvard, Stanford, Oxford o el MIT, sean fracasados con dificultades económicas?

Uno juega tan bien como pueda con las cartas que le han tocado, pero si algunas de esas cartas son especialmente buenas, las posibilidades son otras…

El Marketing como Mentira Profesionalizada

Jueves, 20 de Agosto de 2009 Ramiro 4 comentarios

El otro día, yo estaba hablando con una persona que me contaba con lujo de detalles su exitosa participación en lo que él llamaba “acciones de marketing”. Siendo el marketing un tema que me interesa mucho por formar parte de mi trabajo, escuché atentamente las anécdotas que esta persona me contó. Grosso modo, el resultado de esa conversación confirma un poco mi sensación de que el marketing actual está más cerca de ser una profesionalización de la mentira que una actividad cuyo objeto sea promover la venta y reconocimiento de productos y servicios. Resultó ser que casi todo lo que formaba parte de esas acciones de marketing consistía en exagerar desvergonzadamente las cualidades de un producto, a la vez que se mentía sin rubor sobre la calidad y cantidad del personal que desarrolló el producto y le brinda soporte. Comprendo que el embellecimiento con fines publicitarios es razonable y casi necesario, pero de ahí a la multitud de técnicas de cuasi-falsificación que suele utilizarse hay un mundo de distancia. Hoy, el mensaje publicitario promedio dice algo así como: “somos los mejores, tenemos el mejor precio, poseemos el mejor diseño, somos los más reconocidos, usamos la más alta tecnología, bla, bla, bla”.
¿En qué momento se cruza la línea que separa lo exageradamente embellecido de la mentira?

Si yo miento un poco para vender más, mi competidor mentirá más que antes para recuperar los clientes que le quité. Y un tercero mentirá aun más para poder ingresar al mercado y sacarnos clientes, y entonces deberemos agrandar y sofisticar nuestras mentiras una vez más…