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Dejar de Buscar Culpables

Miércoles, 2 de Enero de 2008 Ramiro

Me sorprende lo común que se ha puesto que personas cercanas a mí­ enfrenten situaciones negativas de cualquier naturaleza buscando un culpable. No intentan identificar objetivamente qué sucedió, cómo sucedió, qué variables intervinieron, ni cuál fue la secuencia de eventos que concluyó con el asunto en cuestión. Tan sólo buscan una persona, ente, situación u objeto que haya sido responsable del hecho. Están tan poseídos por esa sensación de haber sido ví­ctimas de la situación, que no pueden detener la frustración que les causa no encontrar un culpable “condenable”. Podemos culpar a quién nos de la gana de lo que sea, pero eso no significa ni por un instante que tengamos realmente un culpable. Sin embargo, y por ilógico que parezca, buscar culpables que no lo son es un mecanismo tan popularizado que es raro encontrar a alguien que acepte abiertamente su responsabilidad en una situación negativa. Incluso aquellos que reconocen sus errores suelen agregar terceros que posibilitaron que las cosas terminen como terminaron.
Yo mismo miro hacia atrás en el tiempo y me veo emitiendo variadas y rebuscadas excusas ante quienes debí­a explicar aquello que hice mal. Recién hace un par de años que comprendí­ que las cosas no salen mal, sino que uno las hace mal. Por más mí­nimo y difí­cil de detectar que sea el error que cometimos, lo que éste desencadene será fruto de nuestra responsabilidad. Todaví­a más, si nos sucede algo a pesar de no haber hecho nada con esa finalidad, hicimos una elección personal de todas formas. Por eso, aunque pongamos al destino como variable sobre la que no tenemos control, si las cosas que hacemos salen mal el único realmente involucrado es uno mismo. El universo no funciona en base a culpables o inocentes ni sabe de justicia o injusticia. El universo es como es, y somos nosotros los que debemos aprender sus reglas. Este aprendizaje incluye la aceptación de que lo que nos involucra pasa a depender de nuestras acciones. Esto no quiere decir que tengamos que aceptar nuestros errores públicamente, pero en nuestro foro interno mentir no ayuda. Si nos negamos la verdad, repetimos el error.
Casi puedo imaginar a algunos de mis conocidos discutiendo que hay cosas que uno no puede prevenir, como el caso de ir caminando por la calle y que un automóvil pierda el control y nos atropelle. El haber elegido esa calle y esa hora para caminar nos hace responsables de lo que sea que suceda a partir de esa elección. No podí­amos saber qué iba a sucedernos, por supuesto, pero la ignorancia de las leyes no nos libra de sus efectos. Para que un automóvil pueda llegar a atropellarnos, como mí­nimo hace falta que estemos fí­sicamente dispuestos en el área de su alcance. Ignorar esta simple ley no nos salvará de terminar en el hospital o en el cementerio. Por duro que suene y por injusto que parezca, es así­: somos parte de un universo increíblemente complejo y complicado. Participamos de todos los efectos de esa compleja y complicada maquinaria, nada nos exime.

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