Viernes, 1 de Enero de 2010
Ramiro
Algunos dÃas más que otros me canso de algunas personas que están en mi cÃrculo personal. Especialmente, me cansa redoblar la apuesta y seguir intentando convencer a alguien de que tome mejores decisiones o de que haga tal o cual cosa. Es un error. Tarde o temprano, las personas hacen lo que quieren y no se logra nada tratando de cambiarles el rumbo. Es mejor hacerse a un lado y dejar que experimenten lo que sea que les depare el destino. La actitud paternalista de estar constantemente ayudando y aconsejando a los demás es una inversión de bajo retorno, porque en aquello que realmente importe no haremos una diferencia considerable, en buena medida porque no nos harán caso.
Muchas veces, dejar ser es la mejor ayuda que puede darse.
Martes, 1 de Diciembre de 2009
Ramiro
Me preguntaron decenas de veces en los últimos meses por qué no escribo más seguido, o mejor aún, por qué no escribo nada. La respuesta es que estoy muy distraÃdo. Tengo demasiadas computadoras y dispositivos conectados a una Internet cada vez más interesante, además de que trabajo mucho. Y cuando no estoy online o trabajando, intento leer algunos de los muchÃsimos libros que tengo esperándome. A la vez, me doy cuenta que las distracciones conllevan un costo muy alto a mediano plazo. Es fácil mantenerse en un estilo de vida en el que se nos olvida que no somos inmortales, donde lo cotidiano y rutinario se apodera de la totalidad de nuestro tiempo. Aún estando distraÃdo puedo ver que hay dÃas que se me pierden casi sin que recuerde qué pasó, dónde estuve, qué vivÃ…
Miércoles, 28 de Octubre de 2009
Ramiro
Parece haber una fantasÃa colectiva respecto de trabajar y su inevitabilidad. Buena parte de la población del planeta trabaja diariamente durante decenas de años sin demasiada reflexión; es lo que hay que hacer y lo hacen. Por otro lado, aquellos que no quieren trabajar son inmediatamente señalados como holgazanes o con alguno de sus infinitos seudónimos. Sin embargo, el acto de trabajar es totalmente discutible, y su aparente beneficio es de dudosa comprobación. Para un sector enorme de los eufemÃsticamente llamados “trabajadores”, el empleo es una obligación casi sin salida para un problema que se les asignó sin que pudieran elegir; como consecuencia de ello, están forzados a trabajar durante toda su vida “útil”, con el casi único propósito de hacer su contribución obligatoria a una sociedad que consume más de lo que produce.
La clave para meterse dentro del artificialmente complicado mundo del trabajo es separar el acto de trabajar de la generación de recursos, ya que no son la misma cosa. Que hay que generar recursos para sustentarse no ofrece demasiadas dudas, incluso en casos extremos de aislación y austeridad. Pero, trabajar muchas horas al dÃa para pagar un pequeño espacio donde vivir y una cierta cantidad de consumos que son -mayormente- innecesarios es un intercambio ineficiente que no resiste el menor análisis de costo-beneficio. Un empleado promedio debe trabajar unos 220 dÃas para poder tener acceso a 15 dÃas de vaciones para descansar.
Claramente, algo está mal con este escenario…
Hay que resolver nuestras necesidades consiguiendo recursos de formas que no impliquen dejar una gran parte de la vida a cambio. Piénsenlo, analÃcenlo, debátanlo, convérsenlo, pero no acepten el camino prefabricado del vivir para trabajar.